Las ventajas de diversificar la política exterior

Para conseguir resultados positivos, una política exterior armónica debe estructurarse sobre la base de valores e intereses, tanto materiales como inmateriales, que se trata de promover por medio de procesos políticos acordes. En este sentido, el objetivo de determinada política exterior se subordina al interés y se delimita a partir de una agenda o conjunto de temas.

Estos son postulados básicos que pueden servir para imprimir a la política exterior de un país cualquier orientación, teniendo en cuenta claro, la posición relativa en el mundo que cada nación ocupa.

Durante la Guerra Fría, los países del Sur o Tercer Mundo fundaron, entre otros, el Movimiento de Países No Alineados (MPNA) y el Grupo de los 77 (G77). Estos foros que agrupaban a un amplio número de países en vías de desarrollo y que contaban con una gran diversidad, ya no tienen una necesidad tan fuerte de definirse frente a las grandes potencias. Su principal objetivo era aumentar la voz y el peso de los países en desarrollo y potencias emergentes y cambiar el sistema internacional para un mundo “más justo” y multipolar. El escenario global ha cambiado mucho desde aquellos años a la fecha, pero el concepto sigue siendo válido, útil y con posibilidades de ser empleado en el diseño de la estrategia de inserción internacional de los países. Porque lo que caracterizaba a estos espacios era la horizontalidad basada en un relativo equilibrio relativo entre los estados que los integraban. La crisis de las hegemonías post-Guerra Fría hacen posible pensar en que este mecanismo pueda ser utilizado en el marco de negociaciones internacionales complejas que involucran al conjunto de las naciones. Y para ello será necesario que los países definan estrategias y busquen aliados para hacer valer sus posiciones. Una apertura de la mirada para encontrar posibles aliados permitirá ver que hay muchas más alternativas de las que se cree con los grandes beneficios que ello puede aparejar. De este modo, ese viejo concepto de la multipolaridad esbozado en la segunda mitad del siglo XX puede ser, a comienzos del XXI la punta de lanza de una estrategia para la inserción exitosa de los estados en la escena global.

Multilateralismo como valor e instrumento de política exterior

En el mundo actual, luego del fracaso de los postulados acerca del fin de la historia y la redefinición de las hegemonías a nivel global a partir de la última crisis financiera, un concepto se impone por sobre el resto como valor y como instrumento para el desarrollo armónico de las potencialidades de cada uno de los países. Ese concepto es el de multilateralidad o multilateralismo, que presupone la caducidad de los alineamientos automáticos y su reemplazo por relaciones serias, maduras y racionales que respeten las dignidades que los países tienen. Esta idea se afinca en el interés de los estados nacionales por preservar su soberanía y delinear según sus necesidades concretas una estrategia que le permita desarrollar sus potencialidades y garantizar su seguridad interior, en un marco de convivencia con sus vecinos. Del mismo modo, el multilateralismo es un fenomenal instrumento para establecer relaciones comerciales provechosas que redunden en beneficios mutuos con el conjunto de las naciones. Por ello decimos que en tanto valor-guía de una buena política exterior y en tanto instrumento para lograr sus objetivos, el multilateralismo es la mejor propuesta al alcance de los gobiernos para construir un vínculo positivo con el mundo.

El mejor modo de potenciar los beneficios del multilateralismo es desarrollar una estrategia de diversificación de la política exterior. Esto requiere de un despliegue a fondo de las capacidades diplomáticas de un país, razón por la cual no todos los estados están en condiciones de encarar un proceso de estas características. Por caso, varios estados de América latina han conseguido beneficios claros al encarar procesos de diversificación de relaciones exteriores. Estos países han reducido significativamente su dependencia de las relaciones con los países centrales a través de una articulación de intereses con otras naciones emergentes en Europa, Asia y Africa. Del mismo modo, la exploración de una estrategia Sur-Sur ha redundado en beneficios comerciales y políticos muy importantes que dio un salto cualitativo del posicionamiento de estos países en la escena internacional. México ha convertido en una prioridad y en un objetivo estratégico la diversificación de sus relaciones internacionales y reconoció que la concentración regional de la política exterior y comercial no beneficia el desarrollo económico o social del país. El concepto básico que prevalece en esa política es que la pluralidad y diversidad que se logre en el relacionamiento económico externo, redundarán en beneficios ligados inalienablemente al desarrollo económico de la Nación. Desplegar una acción diplomática diversificada exige, claro está, amplios esfuerzos sostenidos en el tiempo para alcanzar marcos de confianza estables que permitan la vinculación estratégica con las naciones involucradas.

El valor de las asociaciones estratégicas

Una alianza puede ser definida, en términos simples y llanos, como “un acuerdo formal estableciendo una asociación entre países para hacer avanzar intereses y causas comunes” con el propósito último de “equilibrar el poder”, de defenderse “ante un posible conflicto bélico, la amenaza de un poder hegemónico u otras amenazas”, para “obtener bienes públicos comunes” o para “cooperar en asuntos estratégicos” como única vía para obtener beneficios para ambas partes o resolver un asunto crítico sin perder soberanía o independencia. En el caso de una Alianza o Asociación Estratégica estamos en presencia de un término que implica “la unión de fuerzas y recursos, por un periodo indefinido o específico, para alcanzar objetivos comunes”.

Desde este punto de vista el multilateralismo y el establecimiento de acuerdos estratégicos son conceptos perfectamente compatibles. Pero cuidado, el multilateralismo no es meramente la multiplicación de las relaciones bilaterales. De hecho, el concepto puede servir de base de sustentación teórica para los partidarios de la liberalización absoluta de las relaciones comerciales, que en el pasado ha deteriorado los términos de intercambio de una gran cantidad de países. Por ello, sus beneficios no son los mejores cuando se impulsan asociaciones estratégicas con cualquier país en cualquier circunstancia.

El verdadero provecho de diversificar la política exterior pasa por encontrar compatibilidades políticas y comerciales con aquellos países con los que se quiera profundizar el vínculo. En tal sentido, es esencial que el estado-asociado al vínculo estratégico respete los intereses de su socio, que las asimetrías que puedan existir sean compatibles y que la relación reporte beneficios mutuos. Por historia, geografía, capacidades productivas, desarrollo económico, estructura política y otras cuestionas, no todos los países muestran compatibilidades entre sí, como las mencionadas. Asimismo, el posicionamiento político relativo de los estados hace que aunque puedan darse las condiciones para un acuerdo estratégico, éstas no alcancen en la medida en que los objetivos y alineamientos de los gobiernos se contrapongan. De modo tal que la búsqueda de socios estratégicos debe ser un trabajo meticuloso y debe tener como precondición el convencimiento de que la decisión de ambas partes es respetar la dignidad, la soberanía y los intereses del socio. Sólo así se establecerán vínculos duraderos que redundarán en beneficios mutuos y permitirán que los países se desarrollen en armonía y en paz.

Socios regionales y extrarregionales

A la pregunta sobre dónde conviene buscar socios estratégicos suele responderse en general con la idea de que las mejores alianzas se construyen con los países que integran una misma región. Esta noción no es en modo alguno desacertada y se basa en la existencia de objetivos, amenazas y eventuales bienes públicos comunes y necesidades obvias y apremiantes compartidas por estados que se desarrollan en un mismo espacio geográfico. Pero no es óbice para dejar de explorar eventuales alianzas estratégicas con socios extrarregionales, que pueden realizar un gran aporte, por un lado al progreso nacional y por otro al proceso de integración regional. Basta con explorar el globo y se verá que hay muchas naciones listas para cooperar en programas inteligentes y estables que reporten beneficios mutuos y por añadidura pueden ayudar a favorecer procesos de integración regional en marcha basados en la moderación, la comprensión de las diferencias y el estímulo a las concordancias.

Conclusiones

El desarrollo y consolidación de una política soberana e independiente para la estimulación de nuevas alianzas constituyen el signo más importante en materia de política exterior. Buscar alianzas donde antes existía desconocimiento o prejuicios es una manera inteligente de favorecer el desarrollo interno de los países.

  • La redefinición de las hegemonías a escala global vuelve necesario adoptar una mirada distinta en la política exterior de los países.
  • La complejidad de las negociaciones a escala global hace que los estados deban buscar aliados que les permitan mejorar su posicionamiento en esas discusiones.
  • Para ello es necesario diversificar las relaciones exteriores y buscar socios estratégicos regionales y extrarregionales.
  • El multilateralismo como valor e instrumento no es una mera multiplicación de las relaciones bilaterales. Debe darse en el marco de una estrategia definida.
  • Las asociaciones estratégicas que surjan de esa política, deben basarse en el mutuo reconocimiento de las dignidades y los intereses de los estados que las integran.
  • Esas alianzas deben ser estables y deben incluir un compromiso de los socios por sostenerlas en el tiempo.
  • Así, la asociación estratégica redundará a la vez en beneficios internos a los países y en un fortalecimiento de los procesos de intregación regional que encaran las naciones.
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